Comentar (0)EnviariCalCompartir

domingo 23 de abril de 2017 - 13h

Comida Popular. Agroecología en la boca

Comida popular con productos locales de la huerta, en la pista de la exposición de Las Meanas, Avilés (junto al campo de fútbol), a partir de las 13h.

17 de abril todos los días. Campos sin gente, gentes sin campo. La despoblación del campo es una realidad de sobra conocida: cada vez hay menos campesinas y campesinos.

Los alimentos recorren miles de kilómetros para llegar a nuestras mesas. Se dedican menos tierras a cultivar alimentos sanos y más tierras a producir mercancías baratas. Gracias a las políticas agrarias y a los Tratados de Libre Comercio -como el TTIP o el CETA-

las semillas están sujetas a leyes de propiedad intelectual y los procesos de mercantilización de la naturaleza convierten los alimentos en activos financieros y,por tanto, receptores de importantes inversiones, comercializables en el mercado financiero y sujetos a especulación. Son una amenaza para acabar con lo poco que queda de las economías locales y con la soberanía de los pueblos.

Las campesinas, que producen la mayor parte de los alimentos que sostienen nuestra vida, ven vulnerados sus derechos básicos a medida que empeora la crisis económica y ecológica. Esta situación está estrechamente relacionada a las violaciones de los derechos humanos: expropiación de tierras, desalojos forzosos, discriminación de género, ausencia de derecho a la tierra y falta de desarrollo rural, bajos ingresos y falta de acceso a los medios de producción, protección social insuficiente y criminalización de los movimientos que defienden los derechos de las campesinas y de las personas que trabajan en las zonas rurales en todo el mundo.

Asturies es un ejemplo de ese proceso de destrucción al que se ve sometido nuestro campo como consecuencia de unas políticas agrarias dictadas en despachos cerrados a miles de kilómetros. Mientras las campañas publicitarias muestran una imagen de la Asturies verde y vendible del 'paraíso natural', los incendios asolan una y otra vez el territorio; las inversiones se piensan en función de autovías y obras faraónicas que aislen los pueblos y permitan un viaje más rápido en busca de otras alternativas de vida que aquí no parecen posibles.

Quizá la finalidad de esas políticas sea que esta tierra acabe convirtiéndose en un parque temático en el que mostrar un pasado del que ya solo queden vestigios arquelógicos. El 17 de abril de 1996 policías militares brasileños abrieron fuego contra una marcha del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil en Eldorado dos Carajás en el estado brasileño de Pará. Diecinueve personas fueron asesinadas. Su crimen fue luchar por el derecho a la tierra. Desde entonces, cada 17 de abril, campesinas y campesinos de todo el mundo celebran la lucha por la tierra, la defensa del territorio y los derechos de las personas que producen nuestros alimentos en todo el planeta. La Soberanía Alimentaria se abre camino La respuesta de las organizaciones campesinas de todo el mundo unidas en la Via Campesina es la lucha por la soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a decidir cómo producir y distribuir sus propios alimentos, garantizando la alimentación sana y segura de todas las personas.

Este derecho se sostiene en el trabajo de los campesinos y campesinas, de las pequeñas y medianas productoras, de las pescadoras, de las pastoras, de las indígenas que son quienes mantienen la producción de alimentos basándose en los conocimientos tradicionales y en la conservación de la biodiversidad. Como en todas las luchas, queremos reivindicar el papel de las mujeres en ésta. La soberanía alimentaria también es feminista porque la está haciendo posible la resistencia cotidiana de las mujeres que cuidan nuestros cuerpos y de nuestros territorios. Y sin embargo no puede ser sólo responsabilidad de las mujeres. Hombres y mujeres tenemos que ocuparnos de forma corresponsable de la alimentación y de todos los trabajos asociados al mantenimiento de la vida. Pero no puede haber soberanía alimentaria sin un apoyo decidido a la producción agroecológica local.

En Asturies existe una red de pequeñas productoras, dedicadas a la agricultura y a la ganadería ecológicas, que a pesar de las dificultades crecientes luchan por mantener unas formas de producción y de vida que les permitan continuar en el campo y seguir cultivando y cuidando nuestros alimentos. Sin embargo la falta de medios para desarrollar su trabajo, los bajos precios de los productos agrícolas y la desvalorización de la vida en el campo, la falta de politicas e incentivos que apoyen a la agricultura campesina y la existencia de legislaciones adaptadas a la gran producción que no favorecen la producción local y artesanal de alimentos, son algunos de los problemas a los que se enfrentan en esa lucha cotidiana. Alimentos para todas, responsabilidades compartidas Todas somos responsables en la medida en que todas somos consumidoras de alimentos y, por tanto, podemos tomar decisiones conscientes que pueden influir en nuestro entorno más cercano. La bandeja de manzanas que recogemos de la estantería del supermercado quizá tenga detrás a trabajadoras inmigrantes acosadas y explotadas, a agricultoras locales que no pueden competir en un mercado que disminuye cada vez más el precio de su trabajo, o al pequeño comercio del barrio que acaba teniendo que cerrar por la competencia desleal de las grandes superficies. Seguramente también tiene detrás muchos pesticidas y abonos químicos que contaminan las tierras y las aguas, o capas y más capas de conservantes y plásticos que permiten que llegue en perfectas condiciones a esa estantería a pesar de haber recorrido miles de kilómetros. El consumo responsable implica consumir alimentos sanos, de cercanía y de variedades autóctonas. Alimentos adquiridos en los mercados locales y en las tiendas de nuestros barrios y producidos por campesinos y campesinas que habitan el territorio y que cuidan de nuestro entorno. Además estos campesinos y campesinas mantienen el mundo rural vivo, custodiando las tradiciones culturales y los saberes populares. El consumo responsable también implica nuestro apoyo a sus reivindicaciones y sus luchas que son las nuestras. Desde la Campaña asturiana pola soberanía alimentaria nos sumamos al llamamiento mundial de la Vía Campesina para conmemorar el Día Internacional de las Luchas Campesinas y continuar trabajando para reforzar la soberanía alimentaria, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad. Para luchar por una auténtica reforma agraria y una mejor protección contra el acaparamiento de tierras. Para continuar conservando, usando e intercambiando nuestras semillas. Para fortalecer la solidaridad con y entre las gentes campesinas. 17 de abril, Día Internacional de las Luchas Campesinas Campaña asturiana pola soberanía alimentaria 17 de abril todos los días Campos sin gente, gentes sin campo La despoblación del campo es una realidad de sobra conocida: cada vez hay menos campesinas y campesinos.

Los alimentos recorren miles de kilómetros para llegar a nuestras mesas. Se dedican menos tierras a cultivar alimentos sanos y más tierras a producir mercancías baratas. Gracias a las políticas agrarias y a los Tratados de Libre Comercio -como el TTIP o el CETA-

las semillas están sujetas a leyes de propiedad intelectual y los procesos de mercantilización de la naturaleza convierten los alimentos en activos financieros y,

por tanto, receptores de importantes inversiones,

comercializables en el mercado financiero y sujetos a especulación. Son una amenaza para acabar con lo poco que queda de las economías locales y con

la soberanía de los pueblos.

Las campesinas, que producen la mayor parte de los alimentos que sostienen nuestra vida, ven vulnerados sus derechos básicos a medida que empeora la crisis económica y ecológica. Esta situación está estrechamente relacionada a las violaciones de los derechos humanos: expropiación de tierras, desalojos forzosos, discriminación de género, ausencia de derecho a la tierra y falta de desarrollo rural, bajos ingresos y falta de acceso a los medios de producción, protección social insuficiente y criminalización de los movimientos que defienden los derechos de las campesinas y de las personas que trabajan en las zonas rurales en todo el mundo.

Asturies es un ejemplo de ese proceso de destrucción al que se ve sometido nuestro campo

como consecuencia de unas políticas agrarias dictadas en despachos cerrados a miles de kilómetros. Mientras las campañas publicitarias muestran una imagen de la Asturies verde y vendible del 'paraíso natural', los incendios asolan una y otra vez el territorio;

las inversiones se piensan en función de

autovías y obras faraónicas que aislen los pueblos y permitan un viaje más rápido en busca de otras alternativas de vida que aquí no parecen posibles.

Quizá la finalidad de esas políticas sea que esta

tierra acabe convirtiéndose en un parque temático en el que mostrar un pasado del que ya solo queden vestigios arquelógicos. El 17 de abril de 1996 policías militares brasileños abrieron fuego contra una marcha del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil en Eldorado dos

Carajás en el estado brasileño de Pará. Diecinueve

personas fueron asesinadas. Su crimen fue luchar por el derecho a la tierra. Desde entonces, cada 17 de abril, campesinas y campesinos de

todo el mundo celebran la lucha por la tierra, la defensa

del territorio y los derechos de las personas que producen nuestros alimentos en todo el planeta. La Soberanía Alimentaria se abre camino La respuesta de las organizaciones campesinas de todo el mundo unidas en la Via Campesina es la lucha por la soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria

es el derecho de los pueblos a

decidir cómo producir y distribuir sus propios alimentos, garantizando la alimentación sana y segura de todas las personas. Este derecho se sostiene en el

trabajo de los campesinos y campesinas,

de las pequeñas y medianas productoras, de las pescadoras, de las pastoras, de las indígenas que son quienes mantienen la producción de alimentos

basándose en los conocimientos tradicionales y en la conservación de la biodiversidad. Como en todas las luchas, queremos reivindicar el papel de las mujeres en ésta. La soberanía alimentaria también es feminista porque la está haciendo

posible la resistencia cotidiana de las mujeres que cuidan nuestros cuerpos y de nuestros territorios. Y sin embargo no puede ser sólo responsabilidad

de las mujeres. Hombres y mujeres tenemos que ocuparnos de forma corresponsable de la alimentación y de todos los trabajos asociados al

mantenimiento de la vida. Pero no puede haber soberanía alimentaria sin un apoyo decidido a la producción agroecológica local. En Asturies existe una red de pequeñas

productoras, dedicadas a la agricultura y a la ganadería ecológicas, que a pesar de las dificultades crecientes luchan por mantener unas formas de

producción y de vida que les permitan continuar en el campo y seguir cultivando y cuidando nuestros alimentos. Sin embargo la falta de medios para desarrollar su trabajo, los bajos precios de los productos agrícolas y la desvalorización de la vida en el campo,

la falta de politicas e incentivos que apoyen a la agricultura campesina y la existencia de legislaciones adaptadas a la gran producción que no

favorecen la producción local y artesanal de alimentos, son algunos de los problemas a los que se enfrentan en esa lucha cotidiana. Alimentos para todas, responsabilidades compartidas Todas somos responsables en la medida en que todas somos consumidoras de alimentos y, por tanto, podemos tomar decisiones conscientes

que pueden influir en nuestro entorno más cercano. La bandeja de manzanas que recogemos de la estantería del supermercado quizá tenga detrás a trabajadoras inmigrantes acosadas y explotadas,

a agricultoras locales que no pueden competir en un mercado que disminuye cada vez más el precio de su trabajo, o al pequeño comercio del barrio

que acaba teniendo que cerrar por la competencia desleal de las grandes superficies. Seguramente también tiene detrás muchos pesticidas y

abonos químicos que contaminan las tierras y las aguas, o capas y más capas de conservantes y plásticos que permiten que llegue en perfectas

condiciones a esa estantería a pesar de haber recorrido miles de kilómetros. El consumo responsable implica consumir alimentos sanos, de cercanía y de variedades autóctonas. Alimentos adquiridos en los mercados locales

y en las tiendas de nuestros barrios y producidos por campesinos y campesinas que habitan el territorio y que cuidan de nuestro entorno. Además

estos campesinos y campesinas mantienen el mundo rural vivo, custodiando las tradiciones culturales y los saberes populares. El consumo responsable

también implica nuestro apoyo a sus reivindicaciones y sus luchas que son las nuestras. Desde la Campaña asturiana pola soberanía alimentaria nos sumamos al llamamiento mundial de la Vía Campesina para conmemorar el Día

Internacional de las Luchas Campesinas y continuar trabajando para reforzar la soberanía alimentaria, la lucha contra el cambio climático y la

conservación de la biodiversidad. Para luchar por una auténtica reforma agraria y una mejor protección contra el acaparamiento de tierras. Para

continuar conservando, usando e intercambiando nuestras semillas. Para fortalecer la solidaridad con y entre las gentes campesinas. 17 de abril, Día Internacional de las Luchas Campesinas Campaña asturiana pola soberanía alimentaria

Origen : http://libelulahuerta.blogspot.com.es/
Origen : mensaje recibido el 4 abril 09h

Tus comentarios

Información adicional y comentarios de los visitantes del sitio

Tus comentarios

Be the first to comment